Los 3 experimentos psicológicos más crueles (y perturbadores) de la historia

Un viaje al lado más oscuro de la Psicología para descubrir las aterradoras historias detrás de los experimentos psicológicos más crueles, famosos y perturbadores que se han realizado.
experimentos psicológicos más crueles

La ética constituye un punto de elevada importancia para la investigación científica. Particularmente, el campo de la psicología es especialmente proclive a generar dilemas morales. El desarrollo de investigaciones y la aplicación de intervenciones sobre el comportamiento de las personas puede resultar especialmente complejo, pues no siempre es sencillo respetar los márgenes de la ética.

Aunque hoy en día toda investigación debe pasar el filtro de comités éticos altamente exigentes y rigurosos, esto no siempre ha sido así. Lo cierto es que, hace tan sólo unas décadas, los investigadores podían diseñar a sus anchas numerosos estudios que, si bien han permitido obtener conclusiones interesantes, han empleado metodologías que hoy en día serían fuertemente castigadas por su falta de ética. Afortunadamente, la concienciación al respecto ha aumentado notablemente en los últimos años y se ha determinado que el fin no siempre justifica los medios.

Psicología y ética: ¿amigos o enemigos?

Cuando hablamos de ética, estamos haciendo referencia a un conjunto de reglas que determinan lo que es correcto y lo que no. El objetivo de estas normas es asegurar que no se inflige daño intencional a los participantes de las investigaciones y que, por tanto, su salud mental no está en riesgo por causa del estudio del que forman parte.

Con el fin de que todos los investigadores de la psicología se encuentren bien asesorados acerca de los límites infranqueables que tienen que respetar, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) ha elaborado una guía exhaustiva que recoge la manera de proceder ante ciertos dilemas éticos o morales. La APA trata, como organismo de referencia a nivel mundial, de establecer unos estándares mínimos que aseguren los derechos y la dignidad de todas las personas que voluntariamente aceptan formar parte de investigaciones psicológicas.

Si bien los avances que se consiguen mediante la investigación son de gran valor y permiten mejorar la vida de la población, no es un logro que se pueda conseguir a cualquier precio. De nada sirve avanzar y conocer más sobre nuestra conducta si es a costa de dañar a las personas. Por todo ello, es indispensable cumplir con las normas éticas básicas a la hora de hacer ciencia.

Como venimos diciendo, la psicología posee una historia oscura en sus comienzos como disciplina científica, ya que no siempre han existido estos márgenes éticos y se han llevado a cabo acciones que hoy serían tachadas como despreciables e inhumanas. Debido a que conocer la historia es un buen primer paso para no repetir los errores cometidos, en este artículo vamos a recopilar los experimentos psicológicos más crueles que se han llevado a cabo hasta la fecha.

¿Cuáles han sido los experimentos psicológicos más perturbadores?

La psicología en sus inicios no se ha caracterizado, precisamente, por ser una disciplina rigurosamente ética. La falta de estándares claros y el desconocimiento, unidos al deseo por saber más, han dejado al libre albedrío el desarrollo de las investigaciones, siendo muchas de ellas consideradas auténticas atrocidades desde la perspectiva actual. Vamos a revisar aquellas más conocidas.

1. Los monos de Harlow

El experimento que realizó Harlow se encuentra entre los más conocidos en psicología, por sus aportaciones al campo del apego y el vínculo. Para Harlow resultaba interesante conocer de qué manera un grupo de Macacos Rhesus formaban su vínculo de apego en función de distintos escenarios a los que eran expuestos. El investigador se decantó por esta especie debido a que su forma de aprendizaje resulta muy similar a la de los seres humanos.

Particularmente, Harlow seleccionó algunos macacos a quienes separó de sus madres, con el fin de comparar su desarrollo y adaptación en relación con aquellos que permanecieron unidos a ellas. Lo que Harlow hizo con los macacos a los que separó fue colocarlos en una jaula donde se encontraban dos monas artificiales. Una fabricada con alambre, que contaba con un biberón de leche, y otra con felpa, que no ofrecía alimento.

Lo que el investigador observó fue que, si bien los macacos acudían a la de alambre para tomar su leche, enseguida regresaban a la de felpa para obtener calor. A falta de una madre de carne y hueso, los macacos terminaron estableciendo un vínculo afectivo con un objeto inerte como era el tejido de felpa. La textura les brindaba la sensación de protección, cuidado y afecto que se les había arrebatado.

Además, en ocasiones se introdujeron estímulos amenazantes en las jaulas, ante lo cual el macaco se aferraba rápidamente a la mona de tela para refugiarse. También se extrajo a los macacos de las jaulas donde habían crecido para volver a introducirlos posteriormente, momento en el que los macacos corrían de nuevo hacia su madre de felpa, lo que indica que, efectivamente se había establecido un vínculo afectivo.

La conclusión esencial que se derivó del estudio es que los macacos primaban la necesidad de cuidado al alimento, por lo que pasaban mucho más tiempo junto a la mona de felpa que a la de alambre.

Harlow decidió ir más allá y también optó por situar a algunos de sus macacos en una jaula vacía, sin ni siquiera madres artificiales. Estos monos carecían de ningún vínculo afectivo y cuando se les presentaba un estímulo amenazante solo eran capaces de arrinconarse en una esquina desconsolados, pues no tenían ninguna figura de apego y protección. Como vemos, aunque este experimento sea reconocido como un clásico de la psicología, no está exento de crueldad hacia los animales.

Monos harlow

2. El pequeño Albert

Si en el caso anterior hablábamos de maltrato animal, en este caso se trata de un acto cruel hacia un niño. Este experimento se realizó con el fin de obtener una demostración empírica del procedimiento de condicionamiento clásico. Fue desarrollado por John B. Watson, que contó con el apoyo de su colaboradora Rosalie Rayner. El estudio fue llevado a cabo en la Universidad de Johns Hopkins

Para lograr el objetivo se seleccionó a un niño de once meses con un estado de salud adecuado. En primer lugar, se examinó la existencia previa de miedo a los objetos que se iban a presentar como estímulos en el experimento. El niño no mostró temor inicial a los animales peludos, aunque sí a los sonidos fuertes. Esencialmente, el experimento consistió en presentar a Albert una rata blanca (a la que inicialmente no temía), al mismo tiempo que un ruido fuerte.

Tras repetir varios ensayos con esta dinámica, Albert comenzó a llorar con la sola presencia de la rata. Es decir, se había producido la asociación entre ambos estímulos, de manera que la rata pasó a ser un estímulo condicionado. Además, el temor se logró generalizar a otros muchos estímulos siguiendo el mismo procedimiento. Este experimento permitió confirmar de forma empírica el procedimiento de condicionamiento clásico en humanos. Sin embargo, la manera de lograrlo fue a costa del sufrimiento de un bebé, por lo que debe reconocerse como uno de los estudios menos éticos realizados hasta el momento.

Pequeño albert

3. Milgram y la obediencia extrema

El psicólogo Stanley Milgram, de la Universidad de Yale, se propuso llevar a cabo un experimento para conocer hasta qué punto las personas eran capaces de acatar normas y órdenes aunque estas generen daño a los demás. El evento que motivó este estudio fue la condena a muerte del nazi Adolf Eichmann por su implicación en el genocidio Nazi como ideólogo del plan sistemático para exterminar a la población judía durante el Tercer Reich.

Durante el juicio al que fue sometido, Eichmann se defendió alegando que “solo cumplía órdenes”, asegurando que el Gobierno Nazi se había aprovechado de su obediencia. Milgram se planteó la posibilidad de que las palabras de Eichmann tuvieran parte de verdad, pudiendo así explicar su implicación en crímenes atroces contra la humanidad.

Para llevar a cabo el experimento, Milgram comenzó pegando carteles en paradas de autobús, donde ofrecía a los voluntarios que quisieran cuatro dólares por participar en un supuesto estudio sobre aprendizaje y memoria. El investigador aceptó personas de entre 20 y 50 años con perfiles de lo más variopintos.

La estructura del experimento requería tres figuras: el investigador, un “maestro” y un “alumno o aprendiz”. Aunque se elaboraba un sorteo para ver qué rol debe desempeñar cada voluntario (maestro o aprendiz), este se encontraba manipulado, de manera que el voluntario siempre era el maestro y el aprendiz un actor.

Durante el ensayo, el maestro se encuentra separado de su alumno por una pared de vidrio. El alumno se encuentra, además, atado a una silla eléctrica. El investigador indica al maestro que su labor es castigar con descargas eléctricas a su alumno cada vez que este se equivoque en la respuesta. Se aclara que las descargas pueden ser muy dolorosas, aunque no producen daños irreparables.

Lo que Milgram observó fue que más de la mitad de los maestros aplicó la máxima descarga a su aprendiz a pesar de las súplicas de este. Aunque los maestros podían sentirse desconcertados, angustiados o incómodos, ninguno cesaba la administración de la descarga. El papel del investigador era el de insistir para que el maestro continuase en caso de duda (“Continúe, por favor”, “El experimento requiere que usted continúe”, “Debe continuar”...). Así, las presiones del investigador iban aumentando cada vez más. Aunque algunos se plantearon la utilidad del experimento o rechazaron el dinero, ninguno paró.

Lo que Milgram concluyó es que un tanto por ciento muy amplio de las personas simplemente se limitan a hacer lo que se les ordena, sin replantearse la acción en sí misma y sin peso en su conciencia, siempre y cuando perciban que la orden recibida procede de una autoridad legítima. Este experimento constituyó todo un hito para la psicología, aunque por razones evidentes se cuestionó su ética y ha sido duramente criticado por ello.

experimento milgram
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