Los 25 mejores poemas de Federico García Lorca

Selección de los poemas más emblemáticos y encantadores de este gran personaje de la literatura española.
Poemas Federico García Lorca

Nacido en Fuente Vaqueros, Federico García Lorca tomó su primera inspiración de los paisajes naturales del sitio donde creció, descubriendo así su talento para las letras y los versos. Su arte fue evolucionando y refinándose al punto de encantar a cualquiera que los leyera o escuchara, convirtiéndose así en uno de los íconos de la literatura y la poesía hasta el día de su trágica muerte en un fusilamiento a manos de las fuerzas franquistas durante el inicio de la Guerra Civil en 1936.

Como memoria a su vida y obra, hemos traído una recopilación de los mejores poemas de Federico García Lorca que podemos disfrutar en cualquier momento.

Mejores poemas de Federico García Lorca

Un hombre apasionado y humanitario por partes iguales, quien llenó al mundo de obras hermosas, trágicas y realistas combinando las metáforas y el simbolismo para representar la magnitud de las emociones plasmadas en el papel.

1. Malagueña

(Poema de cante jondo)

La muerte

entra y sale

de la taberna.

Pasan los caballos negros

y gente siniestra

por los hondos caminos

de la guitarra.

Y hay un olor a sal

y a sangre de hembra,

en los nardos febriles

de la marina.

Y la muerte

entra y sale

y sale y entra

la muerte

de la taberna.

  • Este poema nos muestra cómo la muerte ronda por cada lugar del mundo sin darnos cuenta, mientras permanecemos ajenos a su amenaza latente pero silenciosa.

2. Soneto de la dulce queja

(Sonetos del amor oscuro)

Tengo miedo a perder la maravilla

de tus ojos de estatua, y el acento

que de noche me pone en la mejilla

la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla

tronco sin ramas; y lo que más siento

es no tener la flor, pulpa o arcilla,

para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,

si eres mi cruz y mi dolor mojado,

si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado

y decora las aguas de tu río

con hojas de mi otoño enajenado.

  • Un oscuro poema romántico que nos muestra que, a pesar de estar en una relación que nos causa dolor, solemos preferir permanecer en ella antes que abandonarla.

3. Alma ausente

No te conoce el toro ni la higuera,

ni caballos ni hormigas de tu casa.

No te conoce el niño ni la tarde

porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,

ni el raso negro donde te destrozas.

No te conoce tu recuerdo mudo

porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,

uva de niebla y monjes agrupados,

pero nadie querrá mirar tus ojos

porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,

como todos los muertos de la Tierra,

como todos los muertos que se olvidan

en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.

Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.

La madurez insigne de tu conocimiento.

Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.

Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,

un andaluz tan claro, tan rico de aventura.

Yo canto su elegancia con palabras que gimen

y recuerdo una brisa triste por los olivos.

  • Es triste cuando no se honra ni se recuerda a aquellos que fallecieron mediante las travesías de su vida, sus alegrías o actos; sino que solo queda la esencia de la muerte misma que le ha alcanzado.

4. El poeta habla por teléfono con el amor

Tu voz regó la duna de mi pecho

en la dulce cabina de madera.

Por el sur de mis pies fue primavera

y al norte de mi frente flor de helecho.

Pino de luz por el espacio estrecho

cantó sin alborada y sementera

y mi llanto prendió por vez primera

coronas de esperanza por el techo.

Dulce y lejana voz por mí vertida.

Dulce y lejana voz por mí gustada.

Lejana y dulce voz amortecida.

Lejana como oscura corza herida.

Dulce como un sollozo en la nevada.

¡Lejana y dulce en tuétano metida!

  • La esperanza siempre nace de cada pequeño acto entre las personas enamoradas. Incluso si están lejos el uno del otro y solo puedan crear ilusiones de felicidad en su mente.

5. Agua, ¿dónde vas?

Agua, ¿dónde vas?

Riyendo voy por el río

a las orillas del mar.

Mar, ¿adónde vas?

Río arriba voy buscando

fuente donde descansar.

Chopo, y tú ¿qué harás?

No quiero decirte nada.

Yo..., ¡temblar!

¿Qué deseo, qué no deseo,

por el río y por la mar?

(Cuatro pájaros sin rumbo

en el alto chopo están.)

  • Intrincado poema que nos habla de las dudas constantes que se clavan en nuestra cabeza acerca de las decisiones que tenemos que tomar en la vida. ¿Arriesgarnos o irnos en la dirección contraria?

6. El pecho del poeta

Tú nunca entenderás lo que te quiero

porque duermes en mí y estás dormido.

Yo te oculto llorando, perseguido

por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero

traspasa ya mi pecho dolorido

y las turbias palabras han mordido

las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines

esperando tu cuerpo y mi agonía

en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.

¡Oye mi sangre rota en los violines!

¡Mira que nos acechan todavía!

  • Otro sombrío poema de amor que refleja la lucha de los amantes por vivir su amor a expensas de aquellos que condenan su unión e intentan separarlos.

7. Los reyes de la baraja

Si tu madre quiere un rey,

la baraja tiene cuatro:

rey de oros, rey de copas,

rey de espadas, rey de bastos.

Corre que te pillo,

corre que te agarro,

mira que te lleno

la cara de barro.

Del olivo

me retiro,

del esparto

yo me aparto,

del sarmiento

me arrepiento

de haberte querido tanto.

  • Uno de los poemas infantiles de Federico García Lorca. Enfocado en las rimas de sus versos para que sea sencillo de leer.

8. Dos lunas de tarde

1

La luna está muerta, muerta;

pero resucita en la primavera.

Cuando en la frente de los chopos

se rice el viento del sur.

Cuando den nuestros corazones

su cosecha de suspiros.

Cuando se pongan los tejados

sus sombreritos de yerba.

La luna está muerta, muerta;

pero resucita en la primavera.

2

La tarde canta

una berceuse a las naranjas.

Mi hermanita canta:

La tierra es una naranja.

La luna llorando dice:

Yo quiero ser una naranja.

No puede ser, hija mía,

anque te pongas rosada.

Ni siquiera limoncito.

¡Qué lástima!

  • A veces buscamos casi desesperadamente ser alguien más para poder ser aceptados, sin darnos cuenta del inmenso potencial que tenemos al ser nosotros mismos.

9. Canción del jinete

(Canciones)

Córdoba.

Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande

y aceitunas en mi alforja.

Aunque sepa los caminos

yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,

jaca negra, luna roja.

La muerte me está mirando

desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!

¡Ay mi jaca valerosa!

¡Ay que la muerte me espera,

antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.

Lejana y sola.

  • Aquí podemos ver el cariño que Federico García Lorca le tenía a esta tierra a la cual nunca pudo volver a visitar, pues sabía bien que sus horas de vida estaban contadas.

10. Café cantante

Lámparas de cristal

y espejos verdes.

Sobre el tablado oscuro,

la Parrala sostiene

una conversación

con la muerte.

La llama,

no viene,

y la vuelve a llamar.

Las gentes

aspiran los sollozos.

Y en los espejos verdes,

largas colas de seda

se mueven.

  • Existen aquellos que esperan con ansias el momento de su partida de este mundo e incluso se desesperan cuando no llega pronto.

11. Canción de cuna para Rosalía Castro, muerta

(Seis poemas galegos)

¡Levántate, niña amiga,

que ya cantan los gallos del día!

¡Levántate, mi amada,

porque el viento muge, como una vaca!

Los arados van y vienen

desde Santiago a Belén.

Desde Belén a Santiago

un ángel vienen en un barco.

Un barco de plata fina

que traía dolor de Galicia.

Galicia tumbada y queda

transida de tristes hierbas.

Hierbas que cubren tu lecho

con la negra fuente de tus cabellos.

Cabellos que van al mar

donde las nubes tiñen sus nítidas palmas.

¡Levántate, niña amiga,

que ya cantan los gallos del día!

¡Levántate, mi amada,

porque el viento muge, como una vaca!

  • Poema en homenaje a Rosalía Castro, una exponente de la literatura gallega. Fue inspirado este poema después de que Federico visitase su tumba.

12. Soneto de la guirnalda de rosas

¡Esa guirnalda! ¡pronto! ¡que me muero!

¡Teje deprisa! ¡canta! ¡gime! ¡canta!

que la sombra me enturbia la garganta

y otra vez viene y mil la luz de enero.

Entre lo que me quieres y te quiero,

aire de estrellas y temblor de planta,

espesura de anémonas levanta

con oscuro gemir un año entero.

Goza el fresco paisaje de mi herida,

quiebra juncos y arroyos delicados.

Bebe en muslo de miel sangre vertida.

Pero ¡pronto! Que unidos, enlazados,

boca rota de amor y alma mordida,

el tiempo nos encuentre destrozados.

  • Hay que vivir la vida al máximo, pues no sabemos cuándo la muerte nos reclamará. Por ello debemos apreciar tanto las alegrías como las penas.

13. Llagas de amor

Esta luz, este fuego que devora.

Este paisaje gris que me rodea.

Este dolor por una sola idea.

Esta angustia de cielo, mundo y hora.

Este llanto de sangre que decora

lira sin pulso ya, lúbrica tea.

Este peso del mar que me golpea.

Este alacrán que por mi pecho mora.

Son guirnalda de amor, cama de herido,

donde sin sueño, sueño tu presencia

entre las ruinas de mi pecho hundido.

Y aunque busco la cumbre de prudencia

me da tu corazón valle tendido

con cicuta y pasión de amarga ciencia.

  • Desgarradores versos que nos recuerdan cómo es amar a una persona sin tenerla cerca. Lo que se siente como si se arrastraran cadenas con el corazón.

14. Madrigal

Yo te miré a los ojos

cuando era niño y bueno.

Tus manos me rozaron

Y me diste un beso.

(Los relojes llevan la misma cadencia,

Y las noches tienen las mismas estrellas.)

Y se abrió mi corazón

Como una flor bajo el cielo,

Los pétalos de lujuria

Y los estambres de sueño.

(Los relojes llevan la misma cadencia,

Y las noches tienen las mismas estrellas.)

En mi cuarto sollozaba

Como el príncipe del cuento

Por Estrellita de oro

Que se fue de los torneos.

(Los relojes llevan la misma cadencia,

Y las noches tienen las mismas estrellas.)

Yo me alejé de tu lado

Queriéndote sin saberlo.

No sé cómo son tus ojos,

Tus manos ni tus cabellos.

Sólo me queda en la frente

La mariposa del beso.

(Los relojes llevan la misma cadencia,

Y las noches tienen las mismas estrellas.)

  • Poema que nos habla de ese primer amor que nos impacta profundamente y nos marca de una manera que ningú otro lo hará.

15. Largo espectro

Largo espectro de plata conmovida

el viento de la noche suspirando,

abrió con mano gris mi vieja herida

y se alejó: yo estaba deseando.

Llaga de amor que me dará la vida

perpetua sangre y pura luz brotando.

Grieta en que Filomela enmudecida

tendrá bosque, dolor y nido blando.

¡Ay qué dulce rumor en mi cabeza!

Me tenderé junto a la flor sencilla

donde flota sin alma tu belleza.

Y el agua errante se pondrá amarilla,

mientras corre mi sangre en la maleza

mojada y olorosa de la orilla.

  • Viejas heridas que vuelven a ser abiertas, que a veces es necesario sentir para poder superarlas por completo.

16. La aurora

(Poeta en Nueva York)

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos

que no habrá paraíso ni amores deshojados;

saben que van al cieno de números y leyes

a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos

en impúdico reto de ciencias sin raíces.

Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

como recién salidos de un naufragio de sangre.

  • Un poema referente a la ciudad de Nueva York, donde Federico encontró un mundo envuelto en humo y ladrillos perpetuos, que inundan y empobrecen a la naturaleza.

17. Casida del sueño al aire libre

(Diván del Tamarit)

Flor de jazmín y toro degollado.

Pavimento infinito. Mapa. Sala. Arpa. Alba.

La niña finge un toro de jazmines

y el toro es un sangriento crepúsculo que brama.

Si el cielo fuera un niño pequeñito,

los jazmines tendrían mitad de noche oscura,

y el toro circo azul sin lidiadores

y un corazón al pie de una columna.

Pero el cielo es un elefante

y el jazmín es un agua sin sangre

y la niña es un ramo nocturno

por el inmenso pavimento oscuro.

Entre el jazmín y el toro

o garfios de marfil o gente dormida.

En el jazmín un elefante y nubes

y en el toro el esqueleto de la niña.

  • Por más que deseemos que las cosas sean diferentes, debemos aceptar la realidad y solo así podremos hacer un cambio real.

18. Ay, voz secreta del amor oscuro

Ay voz secreta del amor oscuro

¡ay balido sin lanas! ¡ay herida!

¡ay aguja de hiel, camelia hundida!

¡ay corriente sin mar, ciudad sin muro!

¡Ay noche inmensa de perfil seguro,

montaña celestial de angustia erguida!

¡Ay silencio sin fin, lirio maduro!

Huye de mi, caliente voz de hielo,

no me quieras perder en la maleza

donde sin fruto gimen carne y cielo.

Deja el duro marfil de mi cabeza

apiádate de mi, ¡rompe mi duelo!

¡que soy amor, que soy naturaleza!

  • Un intrincado poema lleno de metáforas sobre el no poder expresar con libertad sus sentimientos hacia la persona amada.

19. Al oído de una muchacha

(Canciones)

No quise.

No quise decirte nada.

Vi en tus ojos

dos arbolitos locos.

De brisa, de brisa y de oro.

Se meneaban.

No quise.

No quise decirte nada.

  • En ocasiones, las personas prefieren callar lo que sienten por otra solo para evitar causar una desdicha.

20. Si mis manos pudieran deshojar

Yo pronuncio tu nombre

en las noches oscuras,

cuando vienen los astros

a beber en la luna

y duermen los ramajes

de las frondas ocultas.

Y yo me siento hueco

de pasión y de música.

Loco reloj que canta

muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,

en esta noche oscura,

y tu nombre me suena

más lejano que nunca.

Más lejano que todas las estrellas

y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces alguna vez?

¿Qué culpa tiene mi corazón?

Si la niebla se esfuma,

¿qué otra pasión me espera?

¿Será tranquila y pura?

¡¡Si mis dedos pudieran

deshojar a la luna!!

  • Podemos ver en estos versos la desesperación por seguir amando un amor terminado. Y es que lo experimentado y las emociones surgidas no son sencillas de superar.

21. El poeta pide a su amor que le escriba

Amor de mis entrañas, viva muerte,

en vano espero tu palabra escrita

y pienso, con la flor que se marchita,

que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte

ni conoce la sombra ni la evita.

Corazón interior no necesita

la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,

tigre y paloma, sobre tu cintura

en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura

o déjame vivir en mi serena

noche del alma para siempre oscura.

  • A veces, esperamos a que la otra persona corresponda nuestros sentimientos con la misma intensidad que los nuestros. Pero no siempre eso es posible, y es entonces cuando el dolor surge.

22. Sueño

Mi corazón reposa junto a la fuente fría.

(Llénala con tus hilo,

Araña del olvido).

El agua de la fuente su canción le decía.

(Llénala con tus hilo,

Araña del olvido).

Mi corazón despierto sus amores decía,

(Araña del silencio,

Téjele tu misterio).

El agua de la fuente lo escuchaba sombría.

(Araña del silencio,

Téjele tu misterio).

Mi corazón se vuelve sobre la fuente fría.

(Manos blancos, lejanas,

Detened a las aguas).

Y el agua se lo lleva cantando de alegría.

(Manos blancas, lejanas,

Nada queda en las aguas).

  • Otro poema lleno de metáforas que nos muestra una tragedia amorosa, donde a pesar de exponer nuestros sentimientos, puede que la otra persona decida irse con alguien más.

23. Es verdad

¡Ay qué trabajo me cuesta

quererte como te quiero!

Por tu amor me duele el aire,

el corazón

y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí

este cintillo que tengo

y esta tristeza de hilo

blanco, para hacer pañuelos?

¡Ay qué trabajo me cuesta

quererte como te quiero!

  • Hay amores que duelen pero que al mismo tiempo nos encantan. Entonces surge la duda de saber si seguir o renunciar.

24. Romance de la luna, luna

(A Conchita García Lorca)

La luna vino a la fragua

Con su polisón de nardos.

El niño la mira, mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

habrían con tu corazón

collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,

que ya siento sus caballos.

-Niño, déjame, no pises

mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño

tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,

¡ay, como canta en el árbol!

por el cielo va la luna

con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

El aire la está velando.

  • Este hermoso y trágico poema relata la historia de un niño gitano moribundo y sus delirios antes de partir.

25. Tengo algo que decir me digo

Tengo que decir algo me digo

Palabras que se disuelven en la boca

Alas que de repente son percheros

Donde el grito cae crece una mano

Alguien mata nuestro nombre según libro

¿Quién le arranco los ojos a la estatua?

¿Quién colocó esta lengua alrededor del

Llanto?

Tengo algo que decir me digo

Y me hincho de pájaros por fuera

Labios que caen como espejos Aquí

Allá dentro las distancias se reúnen

Este norte o este sur son un ojo

Vivo alrededor de mí mismo

Estoy aquí allá entre peldaños de carne

A la intemperie

Con algo que decir me digo.

  • Siempre tenemos algo que decir pero estamos en la eterna búsqueda del momento y el lugar adecuado para ello.
Elvira Cuesta

Elvira Cuesta

Psicóloga clínica

Elvira Cuesta (Madrid, 1994) es Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y es Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad de Barcelona. Está especializada en periodismo científico, y es colaboradora habitual en revistas como EstiloNext y AZSalud.