¿Cómo era la música en la Prehistoria?

La música lleva formando parte de nuestra esencia como especie desde los orígenes de la misma. Veamos cómo era y de qué modo se creaba música en tiempos de la prehistoria.
Música prehistoria

La música acompaña a los seres humanos desde hace miles de años, y más allá de un periodo histórico concreto, cada uno de nosotros interactuamos con sonidos melódicos incluso antes de presentarnos al mundo.

Diversos estudios han demostrado que los bebés, en sus primeros meses de vida, tienen capacidades para responder a melodías antes que a una comunicación verbal de sus padres. Por si este dato no fuera suficientemente chocante, investigaciones de mercado subrayan que, de media, cada persona en el mundo escucha unas 52 canciones al día. Esto se traduce, aproximadamente, en unas 20 horas de melodías semanales.

Todas estas cifras ponen en evidencia la importancia de la música en nuestra sociedad moderna. La mayoría de nosotros nos ponemos los cascos y nos abstraemos del mundo, disfrutando de los tonos y letras que más nos agradan, pero ¿tenemos claro cómo surgió esta modalidad de arte? ¿Desde qué momento nos acompañan las piezas musicales? Continúa leyendo si quieres obtener respuestas a estas preguntas y otras muchas más.

Cualidades musicales: un mundo entre notas

La música, desde un punto de vista terminológico, se define como el arte de organizar sensible y lógicamente una combinación coherente de sonidos y silencios. Esta estructuración responde a tres parámetros básicos: melodía, armonía y ritmo. Veamos de forma sencilla lo que significa cada uno de ellos.

1. Melodía

Una melodía es una sucesión de sonidos que se percibe como una pieza única, es decir, una entidad. Como símil, podemos decir que cada nota es una palabra y la melodía se obtiene como resultado de la estructuración coherente de cada una de ellas, “una frase bien escrita”. En esta organización, cada motivo musical se muestra y se repite con cierta coherencia.

2. Armonía

La armonía se puede definir como el equilibrio entre las distintas partes de un todo, pues se basa en regular la concordancia entre sonidos que suenan simultáneamente y su enlace con sonidos vecinos. Se suele decir que la armonía forma parte del componente vertical de la música, es decir, la presencia de notas de forma simultánea, a diferencia de la melodía (basada en la sucesión horizontal de notas, una detrás de otra).

3. Ritmo

Por otra parte, el ritmo se puede resumir, de forma sencilla, como la capacidad de generar contraste en la música. Se trata del flujo de “movimiento” controlado, producido por una ordenación de elementos diferentes del medio en cuestión.

Una vez hemos explorado las distintas cualidades musicales, dejándonos en el tintero términos más complejos como la métrica, contrapunto y otras palabras dignas de una lección musical, es hora de que respondamos a la siguiente pregunta de una vez por todas: ¿Cómo era la música en la Prehistoria?

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El origen de la música en la Prehistoria

Entramos de lleno en el terreno de la arqueología musical, una rama de la ciencia basada en el estudio de los sonidos y las culturas musicales del pasado, basándose en fuentes organológicas e iconográficas. El primer vestigio de un instrumento musical fue hallado por paleontólogos en el año 2009, en el yacimiento de Geissenklösterle (situado al sur de Alemania). Se trata de un lugar de especial interés arqueológico, pues presenta restos culturales del Paleolítico superior, que datan de 45.000 - 30.000 años de antigüedad.

En este lugar se hallaron una serie de “flautas” de más de 10 centímetros de longitud, las cuales fueron talladas sobre huesos de buitres y mamuts. Una de estas piezas data de una antigüedad de 43.000 años, por lo que se considera el vestigio más antiguo de instrumento musical relacionado a la especie Homo sapiens. Desde luego, existen muchos más yacimientos con huellas y resquicios de proto-instrumentos musicales, pero cubrirlos todos nos llevaría unos cuantos tomos bibliográficos.

De forma general, podemos resumir que los instrumentos musicales encontrados en periodos prehistóricos se pueden dividir en diversos grupos: los aerófonos, los idiófonos, los membranófonos y los cordófonos. Veamos sus cualidades.

1. Aerófonos

Los aerófonos o instrumentos de viento son, según su acepción más moderna, aquellos que producen el sonido por la vibración del contenido de aire en su interior o superficie, sin necesidad de cuerdas o membranas (basándose únicamente en las cualidades físicas del aire). Un ejemplo contemporáneo de este tipo de instrumentos pueden ser la flauta o el saxofón, entre otros muchos.

Un ejemplo de aerófono prehistórico es la bramadera, una placa de madera con un pequeño orificio sobre el que se ata una cuerda. Este proto-instrumento produce sonido al girarlo sobre el hilo como si se tratara de una honda, produciendo distintos tonos según el tamaño de la placa. Se cree que, más allá de la musicalidad, esta herramienta era utilizada para ahuyentar a depredadores. Otros ejemplos claros son las “flautas” previamente listadas, que se tratan de huesos con ciertos agujeros que permiten la modulación del sonido que pasa a través de ellos.

Aerofono

2. Idiófonos

Los instrumentos idiófonos son los más básicos, pues producen sonido al utilizar a su propio cuerpo como materia resonadora. Un ejemplo contemporáneo de ellos puede ser, por ejemplo, el triángulo de metal.

En este grupo podemos encontrar herramientas de rudimentariedad sorprendente, que difícilmente pueden considerarse como instrumentos desde un punto de vista moderno. Podemos listar estalactitas, palos y raspadores, si bien el sonido emitido por los mismos podía responder a muchas más utilidades que la producción de música como tal (comunicación, por ejemplo).

3. Membranófonos

Aumentamos la complejidad estructural de los objetos de forma drástica, pues los instrumentos membranófonos, como su propio nombre indica, son aquellos que basan la producción de sonido en una membrana tensa que vibra. Lo habéis adivinado: estamos ante instrumentos de percusión típicos, como podría ser un tambor.

Los primeros timbales rudimentarios fueron descubiertos en un yacimiento neolítico en Ahuecar de la Moravia en el año 6.000 a.C., hechos a base de tierra cocida. Estos instrumentos poco tienen que ver con los productores de percusión modernos, pues estaban compuestos a base de tierra, troncos de árboles huecos y pieles de pescados o reptiles tensadas. A pesar de la rudimentariedad de estas herramientas, son mucho más complejas y aparecieron, seguramente, mucho más tarde que los aerófonos o los idiófonos.

4. Cordófonos

Poca introducción requieren los cordófonos, pues al nombrar la palabra “cuerda”, a todos nos vienen a la mente una guitarra o un violín. Estudios estipulan que el arpa nació en mesopotamia, ya que los primeros instrumentos de cuerda registrados son las “liras de Ur”, que datan aproximadamente del año 2.400 antes de cristo.

Esta herramienta sonora está compuesta a base de madera mixta e incrustaciones de nácar, cornalina, lapislázuli y oro. Desde luego, estamos ante un verdadero salto en lo que a complejidad estructural y sonora se refiere, el cual se encuentra en concordancia con el periodo histórico (mucho más cercano a nuestro tiempo que el resto) en el que se encontró por primera vez.

Liras ur
Dos liras de ur conservadas en un museo.

Consideraciones

Por desgracia, sobre todo con los instrumentos aerófonos e idiófonos, resulta relativamente complejo afirmar de forma rotunda que cierta herramienta estaba ideada únicamente con el fin de producir música. Este es el caso de diversos huesos encontrados con forma de flauta, pues ciertos especialistas hipotetizan que las marcas o agujeros pudieron ser realizados sobre el tejido óseo por depredadores en tiempos pasados, lo cual invalidaría su origen como instrumento de naturaleza humana.

En contra de estos argumentos de naturaleza escéptica, el consenso general es que la disposición de estos agujeros y ordenaciones es más compleja de lo que cualquier depredador podría generar con su dentición. Por todas estas diatribas, la arqueología musical debe apoyarse en análisis organológicos, iconográficos, etnomusicológicos, acústicos, la fabricación de réplicas por parte de la arqueología experimental y el apoyo de las fuentes escritas cuando sea posible para la confirmación de la “musicalidad” de los objetos registrados.

Resumen

Como hemos podido ver en estas líneas, a la pregunta de “cómo era la música en la Prehistoria” no podemos dar una respuesta única. Depende de lo que se pueda llegar a considerar instrumento, del contexto paleontológico que rodea a los descubrimientos y de otros muchísimos más parámetros que se escapan al conocimiento general.

Desde luego, si algo sacamos en claro de estas líneas, es lo muchísimo que nos queda por saber de nuestros antepasados y sus motivos de acción y formas de vida. ¿Aquel raspador hecho de piedra fue ideado únicamente para perfilar materiales con un fin de supervivencia, o la producción de sonido causaba bienestar y musicalidad en los oídos de nuestros ancestros? Estas cuestiones y otras muchas más continúan sin una respuesta irrebatible.

Referencias bibliográficas

  • Cuadernos de etnomusicología, N1 (2011). Sociedad de etnomusicología. Recogido a 18 de octubre en http://www.sibetrans.com/etno/public/docs/cuadernos-de-etnomusicologia-n-1.pdf#page=80
  • Estudiando los orígenes de la música, Innovación y experiencias educativas. Recogido a 18 de octubre en https://archivos.csif.es/archivos/andalucia/ensenanza/revistas/csicsif/revista/pdf/Numero_25/JOSE_MARIA_MARTINEZ_RUS02.pdf
  • Evolución histórica de los cordófonos (primera parte), SCRIBD. Recogido a 18 de octubre en https://es.scribd.com/doc/102136872/Evolucion-historica-de-los-cordofonos-primera-parte
  • La música en la prehistoria, slideshare.com. Recogido a 18 de octubre en https://es.slideshare.net/divinakagome/la-msica-prehistrica
Samuel Antonio Sánchez Amador

Samuel Antonio Sánchez Amador

Biólogo y divulgador científico

Graduado en Biología por la Universidad de Alcalá de Henares (2018). Máster en Zoología en la Universidad Complutense de Madrid (2019). A lo largo de su trayectoria profesional, permaneció dos años en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) en el departamento de biología evolutiva, donde realizó estudios genéticos y poblacionales en pequeños mamíferos. Esto le otorgó amplio conocimiento en cuestiones de heredabilidad, genes y patrones filogenéticos diversos. Desde febrero del año 2020 se dedica a tiempo completo a la divulgación científica, redactando temas tanto de índole científica basal como salud humana y bienestar animal.