Disfagia: causas, síntomas y tratamiento

La disfagia es un síntoma de una condición subyacente. Se presenta como una dificultad para tragar, ya sea a nivel orofaríngeo o esofágico.
Disfagia

El aparato digestivo es una parte esencial de todos los seres vivos que lo portan, y el ser humano no es una excepción. Gracias a la boca, esófago, estómago e intestinos, somos capaces de transformar la materia orgánica de los alimentos en energía, mediante un proceso complejo conocido como digestión. La hidrólisis de las moléculas nutricionales permite que estas sobrepasen la membrana plasmática de la célula y, por tanto, que las mitocondrias puedan utilizarla para la obtención de energía.

Todo este proceso es un baile de movimientos musculares, hormonas, señales nerviosas y, sobretodo, enzimas y jugos intestinales. Todo ser humano es capaz de notar cuando algo va mal en su aparato digestivo debido a su importancia, y por ello no nos sorprende conocer que los síntomas gastrointestinales son unos de los principales motivos de visita en la consulta primaria. Sin ir más lejos, se estima que hasta el 20% de la población presenta reflujos gastroesofágicos en algún momento de su vida, y un 22% síndrome del intestino irritable (SII).

Más allá de dolores, retortijones, acidez y patógenos, la cosa también se puede complicar a nivel bucal y esofágico, la primera puerta de entrada de los alimentos. Si quieres conocerlo todo sobre esta premisa, sigue leyendo: hoy abordamos la disfagia en todas sus facetas.

¿Qué es la disfagia?

La disfagia se define como un impedimento o dificultad objetivos a la hora de tragar, lo cual desemboca en el enlentecimiento del líquido o bolo digestivo por el tracto del esófago. Esta problemática puede ocurrir en dos niveles: el orofaríngeo (desde el paladar blando hasta el hueso hioides) y el esofágico, es decir, en el tracto que se encuentra entre la boca y el estómago.

De todas formas, la definición del término también presenta una acepción que es necesario evidenciar: la sensación subjetiva de disfagia del paciente. La disfuncionalidad neuronal puede (o no) atenuar o aumentar la sensación de dificultad de tragar, aunque quizá el fallo anatómico no esté presente. Lo mismo ocurre en el caso contrario: una persona puede no percibir su disfagia, pero esta sí que se observa en las pruebas de imagen.

La disfagia es un problema común en la población y suele aparecer por procesos neurológicos, musculares, miastenia, fibrosis posradiación y otras muchas entidades clínicas. A continuación, distinguimos la etiología de la disfagia con base en sus subtipos.

Disfagia qué es

1. Disfagia orofaríngea

Este tipo de disfagia se debe a trastornos que afectan a la hipofaringe y esófago superior. Por ello, el paciente que experimenta esta variante suele ser incapaz de iniciar la deglución y debe intentarlo de forma reiterada. Esto provoca un retraso en el movimiento del bolo alimenticio en la fase orofaríngea del acto de tragar. La entidad clínica se puede dividir en tres ramas distintas:

  • De causa neurológica: incluye accidentes cerebrovasculares (disfagia post-derrame), lesiones en los ganglios basales o un síntoma de la Enfermedad de Parkinson.
  • De causa muscular: por polimiositis (miopatía inflamatoria crónica), distrofia muscular y miastenia grave.
  • Causas anatómicas: por una tiroides agrandada, tumores, abscesos y compresiones externas, por ejemplo, debido a un aneurisma de la arteria aorta.

Por cualquiera de estos eventos clínicos, el bolo alimenticio no puede ser propulsado con eficacia a la hipofaringe (por el esfínter esofágico superior) y hacia el esófago. Los síntomas se localizan en la región del esófago cervical y la disfagia tiene lugar un segundo después de la deglución. Dicho de otro modo, el paciente siente que la comida “no pasa” más allá de su cavidad oral y estructuras inmediatamente posteriores.

2. Disfagia esofágica

En este caso, los pacientes tienen dificultad para transportar el bolo alimenticio, una vez este ha atravesado la faringe y el esfínter esofágico superior. El intervalo temporal entre el acto de tragar y la aparición de síntomas puede evidenciar la porción del esófago que se ha visto afectada. De 1-2 segundos indica que la obstrucción se encuentra en el tracto esofágico superior, de 2-4 segundos se localiza en el tercio medio y más de 4 segundos indican un fallo en el tercio esofágico inferior. Además, el tipo de alimento que genera problemas y el tiempo de instauración de los síntomas también son muy importantes para clasificar esta entidad.

Por ejemplo, las personas que tienen dificultad para comer alimentos sólidos (pero no líquidos) suelen presentar un problema esofágico a nivel mecánico. En otras palabras, esto quiere decir que algo está obstruyendo la circulación correcta en alguno de los tercios del esófago, ya sea una tumoración esofágica o esofagitis eosinofílica, entre otros cuadros. En este último caso, se produce una acumulación de linfocitos en el tejido del esófago, lo que provoca una inflamación crónica, daños y reducción del diámetro del canal.

Por otro lado, las personas que tienen dificultad para comer sólidos y líquidos evidencian una causa distinta, en general un trastorno en la motilidad esofágica. Algunas de las entidades clínicas que pueden provocar este cuadro son las siguientes:

  • Espasmos esofágicos: contracciones dolorosas en el revestimiento muscular del esófago. No se conocen las causas de esta patología.
  • Acalasia: el esófago se encuentra inhabilitado para llevar el alimento hacia el estómago.
  • Motilidad esofágica inefectiva.
  • Esclerodermia con manifestación esofágica: el sistema inmunitario del cuerpo reconoce tejidos corporales como dañinos y los lesiona, lo que se traduce en una acumulación de tejido cicatricial y colágeno. El 90% de los pacientes con esclerodermia tienen el esófago afectado.

Existen otras entidades clínicas que pueden provocar disfagia esofágica, pero estas son algunas de las más evidentes.

Patogénesis

Sobre todo en personas ancianas, la disfagia puede ser orofaríngea, esofágica o mixta. En los casos más graves de la variante orofaríngea, el paciente no puede deglutir su propia saliva, lo cual provoca sialorrea (acumulación excesiva del líquido en la cavidad oral), pérdida de fuerza en la mordida y problemas bucodentales.

En los pacientes que han sufrido un infarto cerebral (accidente cerebrovascular, ACV), la disfagia puede complicar aún más el proceso de alimentación. La falta de deglución puede imposibilitar el consumo de fármacos y la masticación voluntaria de alimentos, entre otras muchas cosas. Incluso, las lesiones en el área cortical del giro precentral pueden provocar, además de disfagia, falta de control en la musculatura facial, labios, lengua y boca. Es necesaria asistencia médica prolongada en todas las personas que presenten estos cuadros conjuntos.

En el caso de pacientes con cánceres esofágicos y otras neoplasias, estos pueden desarrollar disfagia tras tratamientos con quimioterapia y radioterapia, debido a la inflamación de la superficie del esófago (mucositis). Además, las especies del sacaromiceto del género Candida pueden llegar a infectar al 70% de estos pacientes durante su recuperación. Este hongo es comensal en las cavidades orales, pero por desgracia, si la mucosa se ve dañada, encuentra un ambiente ideal en el que proliferar sin control.

Disfagia patogénesis

El anillo de Schatzki y la disfagia

El anillo de Schatzki (también designado como anillo esofágico inferior) es un estrechamiento de la porción interior del esófago que puede provocar problemas esporádicos para deglutir. Es una anomalía muy frecuente en la población general (hasta el 10% la presenta), pero no se suele diagnosticar a menudo, ya que provoca muy pocos síntomas. Esta disfuncionalidad se puede presentar en forma de disfagia episódica y no progresiva.

En la inmensa mayoría de ocasiones esta anormalidad no requiere tratamiento, pues suele presentarse de forma silenciosa. De todas formas, si genera mucha molestia en el paciente, puede ser necesaria una dilatación forzada de la zona del esófago afectada mediante cirugía.

Resumen

En resumen, la disfagia es más un síntoma que una condición, ya que evidencia un problema subyacente, ya sea este inmunitario, neurodegenerativo, muscular o mecánico. Por desgracia, los desencadenantes más conocidos de la disfagia son el Parkinson, otros parkinsonismos y la esclerosis múltiple. Cuando las neuronas que envían señales al esófago se dañan, la tarea de deglutir se puede volver muy difícil. La dificultad para tragar, en estos casos, evidencia aún más un fallo neurológico grave y progresivo.

Por otro lado, la disfagia también puede estar provocada por condiciones un poco más anecdóticas, como inflamaciones esporádicas, espasmos esofágicos idiopáticos o el anillo de Schatzki. Dependiendo de la causa subyacente del síntoma, el tratamiento y el pronóstico son muy dispares.

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