¿Qué es la limerencia y por qué algunas personas la sufren?

Hemos crecido viendo películas y leyendo libros que marcarán las pautas de nuestras futuras relaciones amorosas; pero la cultura popular puede llevarnos a confundir el amor con la limerencia.
Limerencia

Puede que la escena te resulte familiar:

Conoces a una persona que te hace sentir como si volaras; percibes una conexión con ella que no has experimentado nunca antes; descubres lo mucho que tenéis en común, como si pudierais leer vuestras mentes; disfrutas mirándole sin importarte lo desaliñado o descuidado que pueda parecer en este momento.

En seguida tus sentimientos se intensifican. Deseas con todas tus fuerzas volver a verle y ver que pasa a continuación. No puedes estar equivocado y pronto la luz de tus días depende de tu interacción con esa persona especial. Pasas todo el tiempo pensando en ella, en cómo te sonrió, rozó tu mano y quizás insinuó que quería volver a verte.

Parece una experiencia única e intensa, que solo pasa una vez en la vida, como si el destino lo tuviese preparado para ti. Pero, ¿qué pasaría si se tratase de una mala pasada de tu mente llevándote a un mundo de fantasía donde solo tú vives?

¿Qué pasaría si lo que estás sintiendo no es nada más que limerencia? Es decir, una condición psicológica de preocupación cognitiva. Si te encuentras a ti mismo siendo irracional, te sientes indefenso y fuera de control, entonces este artículo es para ti.

¿Qué es la limerencia?

Este término fue introducido por primera vez en 1979 por la psicóloga Dorothy Tennov en su libro: “Amor y limerencia, la experiencia de estar enamorado”. Ella lo define cómo: “El estado cognitivo y emocional de estar enamorado u obsesionado con otra persona que generalmente se experimenta de manera involuntaria y que implica un anhelo agudo de reciprocidad emocional, pensamientos, sentimientos, comportamientos obsesivo-compulsivos y dependencia emocional”.

En otras palabras, se trata de una forma casi obsesiva de amor romántico, pero focalizado en la reciprocidad de los sentimientos. La persona que lo sufre es conocida como limerente, así al individuo deseado se le denomina objeto limerente.

La idea ha sido ampliamente debatida en el campo de la psicología, algunos teóricos se muestran reticentes a aceptar su validez. Uno de los conceptos más interesantes que Tennov destacó es que aquellas personas que no la han padecido carecen de una base experiencial con la que aceptar su existencia. Esto significa que si no has pasado por ello, difícilmente podrás creer en la obsesión que crea. En cambio, si lo has vivido, conoces muy bien su realidad.

Para consternación de los románticos acérrimos, una investigación sugiere que la limerencia es el resultado de procesos bioquímicos del cerebro. Respondiendo a las señales del hipotálamo, la glándula pituitaria segrega norepinefrina, dopamina, estrógeno y testosterona. Este cóctel químico produce la euforia del nuevo amor y empieza a decaer a medida que las hormonas del apego (vasopresina y oxitocina) entran en acción; esto ocurre normalmente entre los 6 y 24 meses posteriores de haber iniciado una relación. De la misma manera que los cambios en el cerebro hacen que los adictos a las drogas sientan una atracción intensa para conseguir y consumir drogas, la limerencia puede llevar a quienes la padecen a los extremos en la búsqueda del objeto de su afecto.

Algunos lo llaman obsesión, mal de amor o romanticismo, mientras que otros lo relacionan con una adicción al amor. Albert Wakin, experto en limerencia y profesor de psicología en la universidad Sagrado Corazón, la define como una combinación de trastorno obsesivo-compulsivo y adicción, un “anhelo ineludible” hacia otra persona. Asimismo, estima que el cinco por ciento de la población la padece.

Veamos las señales más típicas de la limerencia, que pueden demostrar que no estás enamorado/a, sino sufriendo un trastorno que crea la ilusión de sentimientos.

Mujer

Señales de la limerencia

Aunque puede ser difícil evaluar objetivamente los síntomas de la limerencia cuando los estás padeciendo, Tennov identificó las siguientes características generales:

  • Idealización de las cualidades de la otra persona (positivas o negativas).
  • Pensamientos intrusivos e incontrolables sobre esa persona.
  • Timidez extrema, tartamudeo, nerviosismo y confusión en presencia de ella.
  • Miedo al rechazo, desesperación o pensamientos suicidas si ese rechazo ocurre.
  • Sensación de euforia respondiendo a signos reales o infundados de reciprocidad.
  • Fantasear o buscar obsesivamente estos signos de reciprocidad.
  • Evocar a la persona amada en todo lo que nos rodea.
  • Recrear en la mente con todo detalle los encuentros con esa persona.
  • Mantener la intensidad romántica a pesar de la adversidad.
  • Analizar sin fin cada palabra o gesto para determinar su significado.
  • Programar tu agenda para propiciar el encuentro con esa persona.
  • Experimentar síntomas físicos, tales como rubor, temblores, debilidad o palpitaciones.

Existen diferencias remarcables entre limerencia, amor y obsesión que vale la pena destacar.

¿Amor o limerencia? Similitudes y diferencias

Al principio de una relación puede ser difícil distinguir entre amor o limerencia. El primero lleva a ambos integrantes de la pareja por un camino cada vez más calmado y gratificante, mientras que en el caso de la limerencia los sentimientos se intensifican con el tiempo y puede dejar de ser agradable para uno de ellos, ya que la persona limerente se vuelve sofocante y demuestra poco interés por el bienestar real del objeto de su amor. Asegurarse el afecto de la otra persona pasa por encima de ganarse su respeto, del compromiso, de la intimidad física o incluso del amor.

En una relación sana, ninguno de los dos son limerentes. Están enamorados, pero no sufren una lucha constante e indeseada con los pensamientos intrusivos sobre su compañero. En lugar de buscar la reciprocidad, la pareja se consolida a través de intereses mutuos y el disfrute con la compañía del otro.

Según Tennov, en la mayoría de relaciones en las que la limerencia está presente, uno es limerente y el otro no. Estas relaciones acostumbran a ser inestables e intensas. Si ambos son limerentes, normalmente la chispa se apaga tan deprisa como se encendió. Los expertos no creen en la posibilidad de que las relaciones limerentes se conviertan en compromisos afectivos a largo plazo.

La limerencia dura más que el amor romántico, pero no tanto como una relación afectiva sana y basada en el compromiso. Tennov estima que la limerencia puede durar desde unas pocas semanas a varias décadas, con un promedio de entre dieciocho meses y tres años. Cuando son correspondidos, estos sentimientos pueden persistir durante muchos años. En cambio, cuando no son correspondidos, generalmente disminuyen y al final desaparecen, a menos que el objeto de su amor envíe señales contradictorias o la distancia física o emocional prolongue la intensidad y la incertidumbre (por ejemplo, vive en otra ciudad o está casado/a).

A diferencia del amor, la limerencia no es una elección, sino una trampa emocional. Pero, ¿existe algún rasgo de personalidad o factor externo que nos haga más propensos a sucumbir a ella?

Factores que influyen en que algunas personas sean más vulnerables

Quizá deberíamos dividir este apartado en dos partes para entender mejor qué lleva a ciertas personas a caer más fácilmente en la obsesión por el amor. La primera sería: ¿qué desencadena la atracción?

  • Se trata de un impulso biológico para reproducirse.
  • Repetimos los roles aprendidos durante la infancia en relaciones en las que nos sentimos heridos, esperando tener mejor suerte esta vez.
  • Buscamos amor y aprobación.
  • Cosas que nos atraen de manera inconsciente a la hora de buscar pareja: características faciales, la voz, el olor, las feromonas, la manera de moverse, etc.

La segunda parte sería: ¿qué hace que quedemos atrapados en la obsesión?

  • Una parte muy significativa de las personas limerentes han padecido algún tipo de trauma infantil, que los hace más sensibles a caer en la falta de autoestima, conductas obsesivas, tendencias adictivas, dependencia emocional o adicción al amor.
  • Han sufrido algún tipo de crisis emocional que los hace más vulnerables a la búsqueda de aprobación
  • Las crisis o cambios de la mediana edad pueden actuar como un factor desencadenante en algunas personas.
  • Si el objeto del amor posee una personalidad evasiva, el juego de tira y afloja en la relación puede volverlos locos de incertidumbre y actuar como combustible para la limerencia en quienes son sensibles a ella.
  • El comportamiento o personalidad del individuo amado, les recuerdan al entorno en el que crecieron, experimentan sensaciones que resultan familiares y cómodas, aunque en el fondo sean tóxicas y destructivas.
  • Aún queda mucho por descubrir sobre este tema y no está descartado que la clave esté en alguna anomalía estructural o biofisiológica del cerebro.

¿Qué podemos hacer si creemos estar atrapados en un amor obsesivo?

El primer paso, y más importante, es reconocer que estamos en un lío del que probablemente no podremos salir sin ayuda. Aunque no es un camino sencillo, existen acciones constructivas que puedes hacer para mejorar tu vida y superar tus inseguridades.

Un terapeuta puede guiarte en la búsqueda de la raíz de tu inseguridad y comprender por qué te encuentras en esta situación, así como analizar los patrones de comportamiento que socavan tu ánimo, buscar los hábitos que lo sabotean y trabajar para romperlos.

Anna Segimon

Anna Segimon

Periodista y escritora

Anna Segimon (Barcelona, 1970) es periodista y escritora. Ha publicado distintos relatos cortos y participa activamente como columnista en distintas revistas del ámbito de la salud y la cultura.