¿Qué es la disbiosis vaginal y qué tipos existen?

La microbiota vaginal es esencial para la salud, pero puede alterarse y dar lugar a una disbiosis, la cual, si bien no es grave, puede ser molesta y recurrente.
Disbiosis vaginal

Ya hace unos años que la microbiota vaginal ha adquirido protagonismo en el cuidado de la salud sexual y reproductiva de las mujeres. Y es que una microbiota vaginal sana, protege a la mucosa de la vagina frente el establecimiento de microorganismos que pueden causar daño.

La microbiota vaginal constituye uno de los elementos del tracto genital femenino que más ha despertado la curiosidad a investigadores y clínicos. Fue estudiada por primera vez por Albert Döderlein, discípulo de Pasteur, a finales del siglo XIX. Döderlein observó que la vagina contenía una gran cantidad de lactobacilos.

Durante bastante tiempo se consideró que estos bacilos eran los únicos pobladores de la vagina. Sin embargo, gracias al avance de la ciencia, se ha podido comprobar que el ambiente vaginal es algo más diverso. En él, diversas especies de bacterias interactúan entre sí, pero parece que los lactobacilos son los que desarrollan funciones de control, manteniendo a raya el crecimiento de aquellos que nos pueden causar daño.

Son múltiples los factores que pueden desestabilizar este delicado equilibrio y conducir al sobrecrecimiento de organismos indeseables. Cuando esto sucede, se generan las disbiosis vaginales, las cuales generan vaginitis y vaginosis, que pueden cursar con síntomas especialmente molestos en la mujer. En el artículo de hoy hablaremos de las principales disbiosis vaginales.

La microbiota vaginal

Popularmente conocida como flora íntima, la microbiota vaginal es el conjunto de microorganismos que habitan nuestras vaginas. Estos coexisten en equilibrio y establecen conexiones complejas entre sí. No se trata de una población aislada y los expertos indican que está en estrecha relación con la microbiota intestinal (aquella que habita en nuestros intestinos), aunque sus características son bien diferentes.

La microbiota vaginal no suele presentar una diversidad demasiado elevada. De hecho, en la mayoría de mujeres (más de un 70%), se caracteriza por estar formada principalmente por bacterias del género Lactobacillus. Estas bacterias, que también las puedes encontrar en el yogur, reúnen una serie de propiedades y cualidades que las hacen muy beneficiosas para nuestro tracto genital.

Esto no quiere decir que los lactobacilos sean los únicos habitantes, al contrario, en la vagina también habitan pueden habitar otras bacterias, describiendose cerca de 250 especies diferentes. Es el caso de Atopobium o Gardnerella, así como el hongo Candida, que suelen presentarse en menor cantidad y con un crecimiento limitado.

Sin embargo, hay mujeres que pueden presentar una microbiota dominada por Gardnerella o Atopobium, sin que esto implique directamente la existencia de un proceso patológico. Este tipo de microbiota se muestra sobre todo en mujeres afroamericanas y de latinoamérica, lo cual indica que puede existir una relación entre la genética y el tipo de microorganismos que colonizan el cuerpo humano.

Microbiota vaginal

¿Qué funciones desempeña?

La microbiota vaginal, lejos de causarnos enfermedades, trabaja de forma simbiótica con nuestro organismo y ejerce importantes funciones de protección. Concretamente, contribuye a la integridad de las mucosas de nuestro tracto genital y actúa como barrera para el establecimiento y crecimiento de patógenos que nos pueden causar una infección. Numerosos estudios han demostrado que los lactobacilos son los encargados de llevar a cabo esta funciones.

Los lactobacilos se adhieren de forma específica a las paredes vaginales y del cuello uterino, formando una barrera que evita que se adhieran los patógenos que nos pueden ocasionar una infección.

También producen ácido láctico, un producto que reduce el pH vaginal haciéndolo más ácido, consiguiendo restringir la canonización y el crecimiento de los patógenos. Además, también producen otros compuestos antimicrobianos, como el agua oxigenada, con la finalidad de mantener a raya aquellos microorganismos que nos pueden causar una infección.

Por este motivo, se considera que la presencia de lactobacilos es fundamental para el mantenimiento del equilibrio vaginal.

¿Qué es la disbiosis vaginal?

En ocasiones, la población de lactobacilos puede verse alterada y disminuir bajo un nivel crítico. Cuando esto sucede, los microorganismos que se encuentran en el tracto genital en bajas proporciones (gracias al control que ejercen los lactobacilos) u otros que no son propios del ambiente vaginal, pueden proliferar de forma excesiva y comportarse como patógenos.

Este desequilibrio se denomina disbiosis vaginal y aunque por el nombre pueda sonar como algo grave, podéis estar tranquilas, es algo que sucede con frecuencia. Las causas que provocan esta alteración son múltiples ya que debemos tener en cuenta que la microbiota vaginal es algo muy sensible y fácilmente alterable.

Las causas más comunes para la disminución de lactobacilos son el abuso de antibióticos, el estrés y el tabaquismo. Se ha visto que la alimentación también puede interferir en la estabilidad microbiana. Por ejemplo, se ha observado que un alto consumo en grasas saturadas puede hacer aumentar su incidencia.

Además, el hábitat vaginal sufre cambios frecuentes a causa del ciclo menstrual. Por ejemplo, la menstruación provoca cambios en el pH vaginal, haciéndolo más neutro. Esta circunstancia hace que los lactobacilos tengan más dificultades para crecer y genera un escenario donde los otros microorganismos patógenos tienen más posibilidades de desarrollarse. Otro factor desestabilizador es el uso prolongado de tampones, los cuales también tienden a elevar el pH, así como el uso de jabones demasiado agresivos para la zona íntima.

Los 3 tipos de disbiosis vaginal

La disminución de lactobacilos puede acabar generando infecciones vaginales. Veamos qué infecciones vaginales se asocian con esta desestabilización microbiana y cuales son sus síntomas.

1. Vaginosis bacteriana

Es la manifestación más común de la disbiosis vaginal y es muy frecuente entre las mujeres sexualmente activas. Aunque hay cierto debate entre los expertos, en general no se considera una infección de transmisión sexual (ITS).

Está causada por el crecimiento excesivo de bacterias que se encuentran naturalmente en la vagina, lo que altera el equilibrio natural. En la mayoría de los casos, está ocasionada por Gardnerella vaginalis, aunque hay otras bacterias que también la pueden causar.

Normalmente, la vaginosis bacteriana se considera una molestia más que una infección seria. Sin embargo, puede aumentar el riesgo de infección por ITS, como el VIH y la gonorrea.

La vaginosis bacteriana suele cursar con una secreción vaginal grisácea y con un olor vaginal muy fuerte que recuerda al pescado. Puede causar picores y ardor al orinar. Sin embargo, aproximadamente en un 50% de los casos no presenta síntomas.

Existen una serie de factores de riesgo:

  • Tener múltiples parejas sexuales: Aunque los médicos no entienden por completo la relación entre actividad sexual y vaginosis bacteriana, se ha visto que ocurre con mayor frecuencia en personas que tienen más de una pareja sexual. Asimismo, se ha visto que la prevalencia entre mujeres bisexuales y lesbianas es mayor.

  • Ausencia natural de lactobacilos: Tener una poca abundancia de lactobacilos te hace más propensa a padecer vaginosis.

  • El lavado excesivo: Lavar excesivamente la zona íntima puede alterar su equilibrio natural. Además, la vagina se limpia sola, por lo que es necesario limpiarla. Por ello, si se hace, se recomienda usar jabones específicos que respeten el pH vaginal y solo hacerlo por la zona externa.

El tratamiento se basa en la administración de antibióticos por vía oral o vaginal. Si tu pareja es un hombre, no es necesario que haga tratamiento. Pero si por el contrario es una mujer, se recomienda que ella también se someta a las pruebas para evaluar si también la padece y necesita tratamiento.

2. Candidiasis

Es una infección causada en la mayoría de los casos por el hongo Candida albicans. Se trata de un hongo presente de forma habitual en la microbiota vaginal y produce infección cuando se reproduce de forma acelerada. Es una infección muy común, y aunque puede causar bastantes molestias, no suele tratarse de una infección grave.

En lo que refiere a síntomas, la candidiasis suele causar comezón o picor en la vagina y la vulva y una sensación de ardor, especialmente durante las relaciones sexuales o cuando se orina. La secreción vaginal suele ser espesa y blanca, similar al yogur, pero a diferencia de la vaginosis bacteriana, no tiene olor a pescado.

Entre los factores de riesgo, existe el uso de antibióticos, que pueden mermar la población de lactobacilos vaginales. Los altos niveles de estrógenos provocados por el embarazo o el uso de píldoras anticonceptivas también pueden propiciar una candidiasis, así como padecer diabetes y tener un sistema inmune debilitado.

El tratamiento se basa en el uso de antifúngicos, los cuales se encuentran en forma de crema, comprimidos o supositorios de aplicación vaginal. Estos eliminan los síntomas rápidamente y curan la infección en un curso de una semana. Mientras se está en tratamiento, no se deben mantener relaciones sexuales. Además, los antifúngicos pueden debilitar la estabilidad de los preservativos y de los diafragmas.

Candidiasis

3 Vaginitis inflamatoria descamativa

También denominada vaginitis aeróbica, es un síndrome que se ha reconocido recientemente. Se suele confundir con la vaginosis bacteriana, pero a diferencia de esta, el cambio de la microbiota se produce por bacterias capaces de generar inflamación local como Escherichia coli, Staphylococcus aureus y Streptococcus agalactiae.

Se desconoce el mecanismo que conduce a la pérdida de la microbiota vaginal habitual, pero se piensa que suele ser la respuesta a procesos inflamatorios sistémicos, aunque suele ser más habitual en mujeres menopáusicas o que acaban de dar a luz.

El flujo vaginal suele ser amarillento, con pus y sin olor a pescado. Las mujeres que la padecen suelen sentir sequedad vaginal y molestias al mantener relaciones sexuales. La vulva se ve irritada y enrojecida.

El tratamiento consiste en antibióticos en forma de crema o óvulos vaginales. En algunos casos se administran estrógenos tópicos para mejorar el grosor de la mucosa vaginal.

Referencias bibliográficas

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  • Martin, R., Soberón, N., Vázquez F., Suárez J.E. (2008). “La microbiota vaginal: composición, papel protector, patología asociada y perspectivas terapéuticas”. Universidad de Oviedo.
Anna Surroca Gibert

Anna Surroca Gibert

Microbióloga y comunicadora científica

Anna Surroca (Granollers, 1996) es graduada en Microbiología por la Universidad Autónoma de Barcelona. Actualmente es estudiante del Máster en Comunicación Especializada con mención en Comunicación Científica por la Universidad de Barcelona. Apasionada por la sexualidad humana y el fotoperiodismo, ha encontrado en el mundo de la comunicación su verdadera vocación. Actualmente es redactora en Médicoplus, AZ Salud y Estilo Next.