Las 6 diferencias entre Machismo y Patriarcado (explicadas)

El machismo y el patriarcado son términos que, pese a fomentar la desigualdad entre hombres y mujeres y a que tienden a confundirse, son distintos entre sí. Un repaso de las diferencias entre ambos conceptos.

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Puede ocasionar dudas citar las diferencias entre machismo y patriarcado, ya que en términos generales los dos suponen una discriminación hacia el genero femenino. Pero la naturaleza de cada término así como los factores que implican son distintos.

Cuando hablamos de patriarcado nos referimos a un grupo social o a una sociedad, es decir, un grupo de gente que comparte unas ideas, valores, creencias, costumbres que apoyan la supremacía del hombre y otorgan a las mujeres unas funciones determinadas, restandoles así la libertad para elegir. Por su parte el machismo responde a actitudes o comportamientos que discriminan a la mujer y que pueden ejercer los individuos.

De este modo, ya que estos modelos sociales y los comportamientos machistas siguen estando presentes y como es obvio, estas diferencias señaladas entre sexos no tienen ningún tipo de validez, es necesario ser conscientes de ellas y actuar siempre que percibamos que, por nuestra parte o en nuestro entorno, se dan estas discriminaciones.

En este artículo te definimos los conceptos de machismo y de patriarcado, te apuntamos las principales diferencias entre los dos términos y te damos algunos consejos o estrategias para hacerles frente y conseguir el cambio.

¿Qué entendemos por machismo? ¿Y por patriarcado?

Aunque los términos machismo y patriarcado pueden parecer similares, no son sinónimos y no los podemos utilizar indistintamente. El machismo se define como una actitud, pensamiento o comportamiento que sitúa al hombre por encima de la mujeres, como un ser superior. Por su parte el patriarcado es la mayor autoridad o poder que tienen los hombres en una sociedad o grupos sociales.

Vemos pues, cómo en ambos casos se respalda la supremacía del hombre, el mayor poder o superioridad con respecto a las mujeres, quedando estas sumisas o relegadas a posiciones inferiores. Aún así existen algunas diferencias y características que los hacen distintos, siendo necesario utilizar cada término en ocasiones diferentes.

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Machismo y patriarcado: ¿en qué se diferencian?

Ahora que ya conocemos la definición de cada concepto, será más fácil comprender cuáles son sus diferencias. A continuación te citamos los principales puntos distintivos entre machismo y patriarcado.

1. Cuál es la naturaleza de cada término

La diferencia entre la naturaleza de cada término es clara, entendida esta como la base o en qué categoría se clasifica cada concepto. En referencia al patriarcado hablaremos de sistema, entendido como un conjunto de poderes, concretamente los tres que forman un estado: el judicial, quien aplica la ley; el legislativo, quien crea la ley y el ejecutivo, quien sigue la ley. En cambio, el machismo es un comportamiento, un conjunto de ideas, un acto o una actitud.

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2. Complejidad del concepto

El patriarcado está formado por un grupo social, es una forma de sociedad y como tal existen unas normas, unos valores, unas costumbres, unas creencias, un modo de pensar y actuar, que en este caso destacarán la figura del hombre por encima de la mujer.

Contrariamente, como ya sabes el machismo se refiere a un comportamiento, que puede ser más aislado y que no tiene porque formar parte de una sociedad o no ser representativo de la sociedad donde se observa o se realiza este acto machista. También podríamos considerar que una ley, una norma o una creencia es machista, no necesariamente tiene que ser una persona.

3. Sujetos vinculados

Así pues, el patriarcado estará formado por un conjunto de sujetos, un grupo social o sociedad, que viven y comparten unas mismas creencias y modo de actuación similar, donde el hombre goza de un poder superior con respecto a la mujer. Por su parte el machismo al considerarse un acto más o menos aislado diremos que puede ser realizado por un grupo de personas pero también por un solo sujeto que puede ser tanto hombre como mujer.

Es decir vemos como en el caso del patriarcado toda la sociedad participa y apoya este tipo de comportamiento. En cambio el machismo no goza de plena aceptación por los distintos miembros de la sociedad, puede que un mismo grupo social haya individuos que sean machistas y otros no.

4. Distinción entre las mujeres

Como ya hemos apuntado los dos conceptos sitúan al hombre por encima de la mujer, otorgándole mayor importancia y poder. Pues bien, el patriarcado da un paso más y hace una distinción entre el grupo de mujeres, diferenciando entre: las que cumplen con los criterios para ser consideradas unas buenas mujeres según las creencias de este tipo de sociedad y entre las que no encajan y no siguen las normas establecidas como válidas según el modelo social.

Con esta separación y la mala consideración de las mujeres que no cumplen con los estandartes, este modelo de sociedad busca que las propias mujeres se enfrenten entre ellas, para lograr ser las mejores, aunque esto suponga pisar o dejar mal a otros sujetos de su grupos. De este modo, consiguen tenerlas controladas y que sean partícipes del propio movimiento opresor que las discrimina.

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5. Como formamos parte de cada uno

Teniendo presente la naturaleza de cada término, consideraremos que un sujeto cuando nace, si lo hace en una sociedad patriarcal, pasa a formar parte de ella, sin hacer él ningún tipo de elección, desarrollándose y creciendo en este tipo de sistema social. Podríamos decir que es un modo de vida que nos viene impuesto o nos toca dependiendo del lugar donde nacemos, no decidimos.

Por su parte el machismo al referirse a una actitud o comportamiento, el sujeto que lo ejerce sí que mostrará mayor posibilidad de elección. Es decir, en este caso no es algo que nos influye o aparece desde pequeños, sino que el sujeto lo va construyendo y desarrollando de manera progresiva al hacerse mayor.

6. Cómo logramos terminar con ambos

Aunque ninguno de los dos tipo de discriminación es fácil de erradicar, puesto que están muy integrados y arraigados en cada sujeto, el machismo al considerarse una construcción que realize el individuo, podremos intentar realizar un proceso o una intervención para lograr deconstruirlo, presetar argumentes, hechos que ayuden a modificar sus creencias para lograr que muestre una postura más igualitaria. Todo pequeño cambio es importante y debe ser valorado como un triunfo.

Si logramos este cambio personal, es decir, a nivel individual, es más probable que a nivel de sociedad consigamos causar desestabilidad, disconformidad con las creencias, normas y valores se que respaldan y así poco a poco conseguir que el modelo social cambie, logrando transformar la sociedad patriarcal.

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Cómo acabar con el machismo y el patriarcado

Vemos pues como el machismo y el patriarcado siguen estando presentes, por este motivo, es necesario que sigamos luchando para conseguir acabar con ello. Este tipo de pensamiento, creencias, conductas y manera de plantear la sociedad no tienen ningún sentido, puesto que no hay razón válida que justifique las diferencias entre los dos sexos.

Por ejemplo en el caso del patriarcado, relegando a las mujeres a posiciones inferiores y solo permitiéndoles realizar un tipo de función, que consistiría en estar a cargo del cuidado, se está desaprovechando su potencial y se exige también al hombre una función que puede que no sea la que desearía ejercer. En definitiva se está repercutiendo al conjunto de la sociedad, ya que se priva de la capacidad y de las tareas que podrían realizar las mujeres para que el grupo social progresara.

Como sucede con otros factores que deseamos cambiar, el primer paso es ser conscientes de ello, darse cuenta del problema, en este caso de la desigualdad que existe, para así poder empezar a trabajar en su modificación. Aunque es un proceso lento y complicado, no podemos desistir, dado que el cambio es posible. Si nos fijamos en la mejora de la situación de la mujer respecto a no hace tantos años nos damos cuenta que sí es posible la evolución.

Así pues, pese a que parezca que el cambio de una sola persona es insignificante, todo suma, si intentamos que nuestro entorno, lo que está a nuestro alcance, mejore, este ya es un paso muy importante. Estate pendiente en los distintos ámbitos en los que participas, como el familiar, el laboral y el social y procura que, al menos por tu parte, no se produzca la discriminación.

Por ejemplo, en el contexto familiar miraremos para que ambos, padre y madre, tengan la misma responsabilidad y se cuiden igual de los niños y de la casa; en el contexto laboral procuraremos que tanto hombres como mujeres tengan las mismas posibilidades para conseguir un mismo puesto de trabajo, así como las mismas valoraciones y recompensas; y en el entorno social, procuraremos denunciar todas aquellas leyes, normas, que son contrarias a la igualdad entre sexos.

Vemos como hay mucho trabajo que hacer, pero estando alerta y modificando las pequeñas acciones que nos podemos encontrar en nuestro día a día, ya comporta una mejora. Igual de importante es modificar nuestra conducta como actuar cuando vemos algún tipo de discriminación, no podemos dejarlas impunes, puesto que ignorarlas supone darles apoyo.

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