Los 7 tipos de ojeras (y sus características)

Las ojeras pueden ser producto de una rutina poco saludable, la carga genética o una enfermedad subyacente. Te contamos sus tipos con base en el agente que las desencadena.
Tipos ojeras

La cara es la carta de presentación de todo ser humano. Ya sea por evolución o por constructo, asumimos características comportamentales y fisiológicas de todo individuo a partir de sus rasgos faciales, de forma consciente y subconsciente. Por ejemplo, tendemos a “rechazar” las asimetrías faciales, pues en el entorno natural estas suelen ser indicativo de un desarrollo fetal irregular y, por ende, una menor eficacia evolutiva y una probabilidad más baja de dar lugar a descendencia viable.

También evitamos de forma sistemática “imperfecciones” como arrugas, pliegues faciales, ojeras, patas de gallo y otras muchas más. Tememos a la muerte y, por ello, no queremos reconocer que el tiempo pasa a nivel fisiológico. Como ves, al menos en parte, todo rechazo a un componente estético tiene una base sociobiológica. Aunque nos cueste reconocerlo, seguimos siendo animales con un claro componente instintivo y subconsciente.

Las ojeras son unos de esos rasgos estéticos que se han llevado la palma en lo que a rechazo se refiere, pues hasta el 90% de la población general argumenta que serían su primer “problema” cutáneo a solucionar. Sin ir más lejos, se estima que una mujer estadounidense gasta unos 15.000 dólares durante toda su vida para tratar sus imperfecciones faciales, entre ellas las bolsas oculares y el color amoratado bajo los ojos. Por todos estos motivos y muchos más, hoy vemos de utilidad abordar los 7 tipos de ojeras existentes y su importancia, con base en los agentes etiológicos subyacentes. No te lo pierdas.

¿Qué son las ojeras y cómo se clasifican?

Antes de entrar de lleno en las clasificaciones, es necesario sentar algunas bases. Las ojeras son en realidad “hipercromías idiopáticas del anillo orbitario” y “círculos oscuros periorbitarios”, o lo que es lo mismo, una zona epidérmica y subepidérmica más oscura de lo normal, situada bajo el aparato ocular.

El mecanismo de la surgencia de las ojeras es muy simple de explicar desde un punto de vista fisiológico: el color amoratado bajo los ojos no es patológico, sino un efecto de la finura de la piel que forma los párpados y estructuras asociadas. Como esta capa de epidermis es tan fina y ligera, se pueden ver fácilmente los cambios en la vascularización interna, de ahí que las ojeras se presenten de color morado (a mayor flujo sanguíneo, mayor oscuridad).

Muchos círculos oscuros periorbitarios no tienen causa concreta, pero otros pueden ser indicativo de falta de descanso, herencia genética, exposición al sol e, incluso, una enfermedad subyacente. Con esta idea en mente, te presentamos los 7 tipos de ojeras con base en su agente causal. Vamos a ello.

1. Ojeras por cansancio

La fatiga crónica y el desafío mental constante pueden traducirse en palidez en la piel. Debido a la finura del tejido externo de la zona periorbitaria, cuando la piel pierde color, es más fácil ver los capilares y vasos sanguíneos subyacentes. Por esta razón aparecen los círculos oscuros periorbitarios en la mayoría de los casos, más conocidos como ojeras idiopáticas por la sociedad general.

La falta de descanso afecta a la piel mucho más allá de las ojeras, pues según estudios, la fatiga también redistribuye la disposición de las facciones faciales. Durante una investigación, el Instituto de Medicina del Sueño midió los patrones epidérmicos de varios pacientes antes y después de someterse a un periodo de descanso de 6 horas al día. Se descubrió que la falta de sueño evidencia las arrugas un 45% más, el número de manchas aumenta en un 13% y las rojeces se pronuncian un 8%. Literalmente, una persona que duerme poco a largo plazo se verá más mayor a un nivel fisiológico.

Cansancio ojeras

2. Hiperpigmentación periorbitaria

A veces, se confunde la vascularización bajo la epidermis con un oscurecimiento del tono real de la piel. La hiperpigmentación periorbitaria no son ojeras realmente, pues en este caso, el tono oscurecido del anillo orbitario se debe a una mayor producción local de melanina, el pigmento responsable del color de la piel, el pelo y los ojos.

Debido a su naturaleza, estas “ojeras” se consideran hereditarias. Cuando una persona de la familia presenta hiperpigmentación periorbitaria, es más que probable que alguno de sus descendientes también termine desarrollándola. Esta condición parece ser más común en mujeres que en hombres, alcanza su pico de prevalencia entre los 16 y 25 años de edad y se asocia a personas con ancestros mediterráneos.

3. Ojeras por exposición al Sol

Cuando un ser humano se expone al Sol de forma excesiva, los melanocitos (células epidérmicas productoras de melanina) sintetizan más melanina, con el fin de proteger a la piel y los órganos internos de la radiación solar y sus efectos nocivos. Mediante este sencillo mecanismo se explica, por ejemplo, que nos pongamos morenos después de unos cuantos días en la playa.

La zona periorbital sigue la misma regla: si una persona expone mucho el entorno ocular a los rayos solares, es posible que se presente una hiperpigmentación transitoria, que puede ser confundida con unas ojeras al uso. De nuevo, en este caso la ojera no se forma por una palidez de la piel, sino por la acumulación localizada de melanina.

Ojeras sol

4. Ojeras por edad

Con el paso del tiempo, el colágeno de la piel se degrada. Estas moléculas proteicas, formadas por tres cadenas distintas y dispuestas en fibras, haces o conexiones, son las encargadas de mantener “unido” el tejido conectivo, incluyendo tendones, músculos, piel y cartílagos, entre otros. Cuando el colágeno se degrada y su síntesis se limita, la piel adquiere un tono más fino, frágil y agrietado.

Por ello, la falta de esta proteína en el entorno orbitario hace que se muestre más translúcida, lo que permite una visión más clara del sistema vascular subyacente. En esta ocasión, las ojeras vuelven a ser una causa de la piel fina, no de la acumulación de melanina.

5. Ojeras por alergia

La histamina es una amina imidazólica que juega un papel esencial en las respuestas locales del sistema inmunitario, en especial durante las alergias. Entre otras muchas funciones, este compuesto es vasodilatador, lo cual promueve un mayor flujo sanguíneo entre tejidos y hacia el corazón.

La dilatación y un mayor flujo de sangre pueden hacerse más evidentes en la zona periorbitaria, debido a la finura de la piel ya citada. Por ello, el oscurecimiento en los anillos oculares es común en alérgicos. Aquí las ojeras no son idiopáticas, sino que surgen a causa de una entidad clínica concreta. Por tanto, requieren de atención médica.

6. Ojeras por anemia

Uno de los signos clínicos más claros de la anemia es la palidez de la piel, derivada de la falta de glóbulos rojos circulantes y por una menor eficacia a la hora de transportar oxígeno a los tejidos. Si una persona tiene ojeras permanentes, está cansada a pesar de dormir bien y lleva una dieta deficiente, lo más probable es que presente un cuadro anémico. En esta ocasión, las ojeras son un signo más de que algo va mal a nivel sistémico.

Anemia

7. Ojeras por medicación

Algunos fármacos vasodilatadores incrementan el flujo sanguíneo sistémico, algo que se evidencia en una mayor cantidad de sangre en vasos y capilares bajo los ojos. Seguramente, antes de ser prescritos, el médico avisará al paciente de los efectos secundarios de estos medicamentos, incluyendo la presencia transitoria de ojeras.

Resumen

Como has podido comprobar, las “ojeras” (reales o no) aparecen por tres mecanismos diferentes: hiperpigmentación por melanina, desgaste de la piel en la zona periorbitaria y mayor flujo sanguíneo. De un modo u otro, todos estos factores provocan que se ennegrezca al área alrededor de los ojos, ya sea por acumulación de sangre o hiperestimulación de los melanocitos.

Las ojeras suelen asociarse al cansancio, debilidad, enfado e, incluso, enfermedad. De todas formas, la realidad es que en la mayoría de los casos estas se pueden solucionar con un sueño reparador y una mejora en los hábitos de descanso y alimentación. Este rasgo casi nunca implica enfermedad, pero si no desaparece al seguir las pautas citadas, lo mejor es acudir al médico a realizarse un chequeo general.

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