15 grandes poemas de Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou, una de las más grandes poetas uruguayas e hispanoamericanas del siglo XX, nos deleita con sus mejores poemas.
Poemas Juana Ibarbourou

Juana de Ibarbourou, igualmente conocida como Juana de América (1892-1979), fue considerada como una de las más grandes, encantadoras y potentes voces de la poesía uruguaya. También fue reconocida como una de las exponentes más importantes de la lírica hispanoamericana del siglo XX, cautivando a las personas con sus poemas cargados de amor, la realidad de la maternidad y la belleza etérea y física.

Grandes poemas de Juana de Ibarbourou

Donde los poemas abundaban con letras melancólicas y dolorosas, Juana de América llenaba los espacios de optimismo y frescura, por lo cual llamaba la atención de toda la juventud.

1. Amémonos

Bajo las alas rosa de este laurel florido,

amémonos. El viejo y eterno lampadario

de la luna ha encendido su fulgor milenario

y este rincón de hierba tiene calor de nido.

Amémonos. Acaso haya un fauno escondido

junto al tronco del dulce laurel hospitalario

y llore al encontrarse sin amor, solitario,

mirando nuestro idilio frente al prado dormido.

Amémonos. La noche clara, aromosa y mística

tiene no sé qué suave dulzura cabalística.

Somos grandes y solos sobre el haz de los campos

y se aman las luciérnagas entre nuestros cabellos,

con estremecimientos breves como destellos

de vagas esmeraldas y extraños crisolampos.

  • Este poema nos habla sobre no tener miedo de expresar nuestros sentimientos hacia una persona para poder amarla sin límites. Porque en realidad, ¿qué lo impide?

2. Bajo la lluvia

¡Cómo resbala el agua por mi espalda!

¡Cómo moja mi falda,

y pone en mis mejillas su frescura de nieve!

Llueve, llueve, llueve,

y voy, senda adelante,

con el alma ligera y la cara radiante,

sin sentir, sin soñar,

llena de la voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña

en una charca turbia. Mi presencia le extraña,

se detiene… me mira… nos sentimos amigos…

¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!

Después es el asombro

de un labriego que pasa con su azada al hombro

y la lluvia me cubre de todas las fragancias

de los setos de octubre.

Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado

como un maravilloso y estupendo tocado

de gotas cristalinas, de flores deshojadas

que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.

Y siento, en la vacuidad

del cerebro sin sueño, la voluptuosidad

del placer infinito, dulce y desconocido,

de un minuto de olvido.

Llueve, llueve, llueve,

y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.

  • No hay mejor manera de describir el disfrute que se siente al estar en la naturaleza de una manera relajada y cruda que este poema.

3. Hora morada

¿Qué azul me queda?

¿En qué oro y en qué rosa me detengo,

qué dicha se hace miel entre mi boca

o qué río me canta frente al pecho?

Es la hora de la hiel, la hora morada

en que el pasado, como un fruto acedo,

sólo me da su raso deslucido

y una confusa sensación de miedo.

Se me acerca la tierra del descanso

final, bajo los árboles erectos,

los cipreses aquellos que he cantado

y veo ahora en guardia de los muertos.

Amé, ay Dios, amé a hombres y bestias

y sólo tengo la lealtad del perro

que aún vigila a mi lado mis insomnios

con sus ojos tan dulces y tan buenos.

  • La vida no es de color rosa y tampoco lo es el amor o la amistad. Siempre estamos vulnerables ante una decepción o una traición y debemos estar lo más preparado posible para ello.

4. Rebelde

Caronte: yo seré un escándalo en tu barca

Mientras las otras sombras recen, giman o lloren,

Y bajo sus miradas de siniestro patriarca

Las tímidas y tristes, en bajo acento, oren,

Yo iré como una alondra cantando por el río

Y llevaré a tu barca mi perfume salvaje

E irradiaré en las ondas del arroyo sombrío

Como una azul linterna que alumbrara en el viaje.

Por más que tu no quieras, por más guiños siniestros

Que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,

Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo.

Y extenuada de sombra, de valor y de frío,

Cuando quieras dejarme a la orilla del río,

Me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo.

  • Aquí podemos ver una clase distinta de lucha, la de querer a alguien que se contiene de amar. Por diferentes razones, hay personas que temen entregar sus sentimientos y es justo demostrándoles que el riesgo vale la pena, que podemos hacerlos cambiar.

5. Raíz salvaje

Me ha quedado clavada en los ojos

la visión de ese carro de trigo

que cruzó rechinante y pesado

sembrando de espigas el recto camino.

¡No pretendas ahora que ría!

¡Tu no sabes en qué hondos recuerdos

estoy abstraída!

Desde el fondo del alma me sube

un sabor de pitanga a los labios.

Tiene aún mi epidermis morena

no sé que fragancias de trigo emparvado.

¡Ay, quisiera llevarte conmigo

a dormir una noche en el campo

y en tus brazos pasar hasta el día

bajo el techo alocado de un árbol!

Soy la misma muchacha salvaje

que hace años trajiste a tu lado.

  • Nunca debemos olvidar nuestro origen, el lugar de donde provenimos, ni las personas que nos ayudaron a salir adelante, pues más tarde podrán necesitar de una mano amiga.

6. La higuera

Porque es áspera y fea,

porque todas sus ramas son grises,

yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos:

ciruelos redondos,

limoneros rectos

y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras,

todos ellos se cubren de flores

en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste

con sus gajos torcidos que nunca

de apretados capullos se visten...

Por eso,

cada vez que yo paso a su lado,

digo, procurando

hacer dulce y alegre mi acento:

-es la higuera el más bello

de los árboles en el huerto.

Si ella escucha,

si comprende el idioma en que hablo,

¡qué dulzura tan honda hará nido

en su alma sensible de árbol!

y tal vez a la noche,

cuando el viento abanique su copa,

embriagada de gozo, le cuente:

-hoy a mi me dijeron hermosa.

  • Hay más que la belleza física. La personalidad y la esencia misma de una persona se encuentra en su interior. Por ello debemos darle la oportunidad de mostrarse.

7. Como una flor desesperada

Lo quiero con la sangre, con el hueso,

con el ojo que mira y el aliento,

con la frente que inclina el pensamiento,

con este corazón caliente y preso,

y con el sueño fatalmente obseso

de este amor que me copa el sentimiento,

desde la breve risa hasta el lamento,

desde la herida bruja hasta su beso.

Mi vida es de tu vida tributaria,

ya te parezca tumulto, o solitaria,

como una sola flor desesperada.

Depende de él como del leño duro

la orquídea, o cual la hiedra sobre el muro,

que sólo en él respira levantada.

  • Un amor crudo, necesitado y apasionado que anda entre la incertidumbre y la seguridad de permanecer. Es ese amor que causa confusión pero del que estamos reacios a perder.

8. Amor

El amor es fragante como un ramo de rosas.

Amando, se poseen todas las primaveras.

Eros trae en su aljaba las flores olorosas

de todas las umbrías y todas las praderas.

Cuando viene a mi lecho trae aroma de esteros,

de salvajes corolas y tréboles jugosos.

¡Efluvios ardorosos de nidos de jilgueros,

ocultos en los gajos de los ceibos frondosos!

¡Toda mi joven carne se impregna de esa esencia!

Perfume de floridas y agrestes primaveras

queda en mi piel morena de ardiente transparencia

perfumes de retamas, de lirios y glicinas.

Amor llega a mi lecho cruzando largas eras

y unge mi piel de frescas esencias campesinas.

  • Es común comparar el amor con la primavera, ya que se trata de florecer al descubrir nuevos sentimientos y sensaciones que nos mantienen a la expectativa y nos hacen ver el mundo de otra manera.

9. Melancolía

La sutil hilandera teje su encaje oscuro

con ansiedad extraña, con paciencia amorosa.

¡Qué prodigio si fuera hecho de lino puro

y fuera, en vez de negra la araña, color rosa!

En un rincón del huerto aromoso y sombrío

la velluda hilandera teje su tela leve.

En ella sus diamantes suspenderá el rocío

y la amarán la luna, el alba, el sol, la nieve.

Amiga araña: hilo cual tú mi velo de oro

y en medio del silencio mis joyas elaboro.

Nos une, pues, la angustia de un idéntico afán.

Mas pagan tu desvelo la luna y el rocío.

¡Dios sabe, amiga araña, qué hallaré por el mío!

¡Dios sabe, amiga araña, qué premio me darán!

  • Aunque Juana de América era más conocida por sus poemas vivaces, también se dedica a hablar de las tristezas que inevitablemente empañan algún tramo de nuestra vida.

10. La sed

Tu beso fue en mis labios

de un dulzor refrescante.

Sensación de agua viva y moras negras

me dio tu boca amante.

Cansada me acosté sobre los pastos

con tu brazo tendido, por apoyo.

Y me cayó tu beso entre los labios,

como un fruto maduro de la selva

o un lavado guijarro del arroyo.

Tengo sed otra vez, amado mío.

Dame tu beso fresco tal como una

piedrezuela del río.

  • El hambre que perdura por un beso más de la persona amada, por otro abrazo, por otra caricia que nos hace desear que el tiempo que pasamos con esa persona se haga eterno.

11. La hora

Tómame ahora que aún es temprano

y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aún es sombría

esta taciturna cabellera mía.

Ahora que tengo la carne olorosa

y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera

la sandalia viva de la primavera.

Ahora que en mis labios repica la risa

como una campana sacudida aprisa.

Después..., ¡ah, yo sé

que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo,

como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano

y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca

y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿no ves

que la enredadera crecerá ciprés?

  • Este poema nos recuerda que la vida es corta y debemos aprovecharla al máximo, sin tener tantas esperas innecesarias. Especialmente a la hora de amar.

12. Como la primavera

Como una ala negra tendí mis cabellos

sobre tus rodillas.

Cerrando los ojos su olor aspiraste,

dicendome luego:

-¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos?

¿Con ramas de sauces te atas las trenzas?

¿ Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras

porque acaso en ella exprimiste un zumo

retinto y espeso de moras silvestres?

¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve!

Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas.

¿Que perfume usas? Y riendo te dije:

-¡Ninguno, ninguno!

Te amo y soy joven, huelo a primavera.

Este olor que sientes es de carne firme,

de mejillas claras y de sangre nueva.

¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo

las mismas fragancias de la primavera!

  • De nuevo Juana nos muestra un poema que compara el amor con la primavera. Con la juventud, la alegría, la pasión y la curiosidad que convergen de esa nueva experiencia.

13. Reconquista

No sé de donde regresó el anhelo

De volver a cantar como en el tiempo

en que tenía entre mi puño el cielo

Y con una perla azul el pensamiento.

De una enlutada nube, la centella,

Súbito pez, hendió la noche cálida

Y en mí se abrió de nuevo la crisálida

Del verso alado y su bruñida estrella.

Ahora ya es el hino centelleante

Que alza hasta Dios la ofrenda poderosa

De su bruñida lanza de diamante.

Unidad de la luz sobre la rosa.

Y otra vez la conquista alucinante

De la eterna poesía victoriosa.

  • En estos versos se nos muestra el poder que se siente cuando retoma algo que se dejó, de hacer algo que siempre se deseó hacer y conquistarlo.

14. Despecho

¡Ah, que estoy cansada! Me he reído tanto,

tanto, que a mis ojos ha asomado el llanto;

tanto, que este rictus que contrae mi boca

es un rastro extraño de mi risa loca.

Tanto, que esta intensa palidez que tengo

(como en los retratos de viejo abolengo),

es por la fatiga de la loca risa

que en todos mis nervios su sopor desliza.

¡Ah, que estoy cansada! Déjame que duerma,

pues como la angustia, la alegría enferma.

¡Qué rara ocurrencia decir que estoy triste!

¿Cuándo más alegre que ahora me viste?

¡Mentira! No tengo ni dudas, ni celos,

ni inquietud, ni angustias, ni penas, ni anhelos.

Si brilla en mis ojos la humedad del llanto,

es por el esfuerzo de reírme tanto…

  • A veces nos rehusamos a experimentar el dolor por el temor a vernos vulnerables. Pero así como las alegrías, las penas también deben manifestarse.

15. El fuerte lazo

Crecí

para ti.

Tálame. Mi acacia

implora a tus manos su golpe de gracia.

Florí

para ti.

Córtame. Mi lirio

al nacer dudaba ser flor o ser cirio.

Fluí

para ti.

Bébeme. El cristal

envidia lo claro de mi manantial.

Alas di

por ti.

Cázame. Falena,

rodeé tu llama de impaciencia llena.

Por ti sufriré.

¡Bendito sea el daño que tu amor me dé!

¡Bendita sea el hacha, bendita la red,

y loadas sean tijeras y sed!

Sangre del costado

manaré, mi amado.

¿Qué broche más bello, qué joya más grata,

que por ti una llaga color escarlata?

En vez de abalorios para mis cabellos

siete espinas largas hundiré entre ellos.

Y en vez de zarcillos pondré en mis orejas,

como dos rubíes, dos ascuas bermejas.

Me verás reír

viéndome sufrir.

Y tú llorarás.

Y entonces… ¡más mío que nunca serás!

  • Una intrigante danza entre las heridas y el amor entre dos personas. Hay ocasiones donde solamente lastimando a alguien, sabemos cuánto vale para nosotros.
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Literatura
Elvira Cuesta

Elvira Cuesta

Psicóloga clínica

Elvira Cuesta (Madrid, 1994) es Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y es Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad de Barcelona. Está especializada en periodismo científico, y es colaboradora habitual en revistas como EstiloNext y AZSalud.